¿Te ha pasado alguna vez elegir, sin saber muy bien por qué, a la misma clase de pareja que acaba haciéndote sentir igual que la anterior? ¿O notar que en el trabajo siempre acabas asumiendo más de lo que te corresponde, aunque te prometas que "esta vez no"? Estos patrones que se repiten, aunque racionalmente sepamos que no nos convienen, tienen un nombre en psicología: esquemas.

La terapia de esquemas es un modelo de intervención que combina herramientas cognitivas, conductuales y emocionales para trabajar precisamente con estos patrones profundos y repetitivos, sobre todo cuando otras terapias más breves no han sido suficientes.

¿Qué es exactamente un esquema?

Un esquema es una forma de entendernos a nosotros mismos y al mundo que se forma en la infancia, normalmente como respuesta a que alguna necesidad emocional importante no se cubrió bien. Las necesidades emocionales nucleares son, entre otras:

Cuando alguna de estas necesidades se frustra de forma repetida durante la infancia —por ejemplo, crecer con una figura muy exigente, o vivir una situación de abandono, abuso o sobreprotección— se forma un esquema. No hace falta un trauma evidente: basta con que, de niños, recibiéramos "demasiado poco de algo bueno" (como estabilidad o cariño incondicional) de forma sostenida en el tiempo.

Por qué cuesta tanto dejar de repetirlos

Los esquemas no desaparecen solos, y de hecho tienden a perpetuarse de formas muy concretas:

Sobre este último punto merece la pena detenerse, porque son formas de afrontamiento que probablemente reconozcas en ti mismo o en alguien cercano:

Rendición

La persona acepta el esquema como si fuera verdad y actúa en consecuencia. Por ejemplo, alguien con un esquema de "no merezco cariño" puede aceptar relaciones donde efectivamente no lo recibe, porque "es lo que hay" y "es lo que le toca".

Evitación

La persona organiza su vida entera para que el esquema no se active nunca: evita ciertas conversaciones, ciertas situaciones, ciertos vínculos cercanos. A veces esto se traduce en un exceso de trabajo, de distracciones, o incluso en evitar la propia terapia —llegando tarde a las sesiones o desviando la conversación hacia temas superficiales.

Sobrecompensación

La persona hace justo lo contrario de lo que dice el esquema, pero de forma exagerada. Alguien que de niño se sintió muy controlado puede, de adulto, rechazar cualquier forma de límite o control —incluso los saludables— o volverse controlador con los demás.

Los estilos de afrontamiento ayudan a reducir el malestar emocional del esquema a corto plazo, pero a largo plazo lo perpetúan.

¿Cómo ayuda la terapia de esquemas?

El objetivo de este enfoque no es "eliminar" el esquema —los recuerdos que lo formaron no se pueden borrar—, sino aprender a reconocerlo cuando aparece y responder de forma distinta. En consulta, esto se trabaja habitualmente en dos fases:

Es un proceso que requiere tiempo y constancia —cambiar un esquema implica, en cierto modo, cuestionar una parte de cómo entendemos quiénes somos—, pero es también uno de los enfoques con más evidencia para trabajar patrones que llevan años repitiéndose y que otras terapias más breves no han logrado modificar del todo.

En la Clínica Ítaca combino la terapia de esquemas con un enfoque conductual cuando el motivo de consulta lo pide, adaptando siempre la profundidad del trabajo a lo que cada persona necesita en cada momento.