Si alguna vez has buscado psicólogo, seguramente te hayas encontrado con listas de "las mejores técnicas para la ansiedad" o "los 5 pasos para superar una ruptura". Es una forma natural de buscar ayuda: encontrar la técnica correcta para el problema correcto. Pero la investigación en psicoterapia lleva más de veinte años señalando algo distinto: lo que más influye en que una terapia funcione no es solo la técnica, sino el encaje entre esa técnica, ese terapeuta y esa persona concreta.
Un amplio grupo de trabajo de la Asociación Americana de Psicología (APA), liderado por los investigadores John Norcross y Bruce Wampold, revisó décadas de estudios sobre qué hace que la terapia funcione mejor para cada paciente. Su conclusión, resumida, es sencilla de entender aunque incómoda de aceptar: no existe una terapia universalmente mejor para todo el mundo. Existe la terapia que mejor se ajusta a ti.
La pregunta que lleva un siglo haciéndose la psicología
Ya en 1967, el psicólogo Gordon Paul formuló una pregunta que sigue guiando la investigación actual: "¿Qué tratamiento, realizado por quién, es más efectivo para este individuo concreto, con este problema concreto, y bajo qué circunstancias?" No preguntaba qué terapia es la mejor en abstracto, sino qué terapia es la mejor para ti, ahora, con lo que te está pasando.
Esto tiene sentido si lo pensamos con un ejemplo cotidiano. Dos personas pueden acudir a consulta con el mismo motivo —ansiedad, por ejemplo— y necesitar acompañamientos completamente distintos. Una puede necesitar una guía clara, ejercicios pautados y un terapeuta directivo. Otra puede necesitar sentirse escuchada primero, ir a su ritmo, e ir construyendo la confianza poco a poco antes de tocar el problema de frente. La misma etiqueta diagnóstica, dos procesos distintos.
Qué es lo que de verdad hace que la terapia funcione
Norcross y Wampold identificaron varios factores que la investigación demuestra que influyen en el éxito de la terapia cuando se ajustan a la persona:
- El estilo de apego. Cómo tiendes a vincularte con las personas importantes de tu vida influye en cómo te vinculas también con tu terapeuta, y eso puede aprovecharse en el proceso.
- La cultura y la identidad. Sentir que tu terapeuta entiende tu contexto cultural, de género o de orientación sexual mejora notablemente los resultados.
- El estilo de afrontamiento. Hay personas que afrontan sus dificultades "hacia fuera" (evitando, distrayéndose) y otras "hacia dentro" (rumiando, analizando). La terapia funciona mejor cuando se adapta a ese estilo.
- El nivel de reactancia. Cuánto valoras tu autonomía y cómo reaccionas cuando sientes que alguien te dice lo que tienes que hacer. Las personas muy reactivas suelen responder mejor a un estilo menos directivo; las que buscan guía clara, a un estilo más directivo.
- Tus preferencias. Simplemente, lo que tú sientes que necesita el proceso. Cuando el terapeuta tiene en cuenta las preferencias explícitas del paciente, mejoran tanto la permanencia en terapia como los resultados.
El propio estudio cita una frase del psiquiatra Robert Michels que resume bien la idea: "La forma más fácil de practicar la psicoterapia es tratar a todos los pacientes y problemas como si fueran básicamente iguales, y aplicar el mismo tratamiento o la misma combinación de tratamientos a todos ellos. Aunque algunos sigan empleando este modelo, todo lo que hemos aprendido en las últimas décadas nos dice que es un error: un error para el paciente, porque le priva del tratamiento más efectivo, y un error para todos los demás, porque desperdicia recursos escasos."
La eficacia de una técnica depende en gran medida de la sensación de alianza del paciente con un sanador real o simbólico. Esto implica que, idealmente, el terapeuta debería elegir para cada paciente la terapia que se ajusta —o puede ajustarse— a sus características personales y a su forma de ver el problema.
¿Qué significa esto para ti, si estás buscando psicólogo?
En la práctica, significa varias cosas útiles a la hora de buscar ayuda:
- Es normal necesitar un par de sesiones para saber si "encaja". No es un fracaso ni tuyo ni del profesional: es parte del proceso. Por eso en la Clínica Ítaca la primera sesión existe precisamente para valorar juntos ese encaje.
- Puedes —y debes— decir lo que necesitas. Si prefieres un enfoque más práctico y con tareas, dilo. Si necesitas más tiempo para hablar antes de "hacer cosas", también dilo. Un buen terapeuta ajusta su forma de trabajar a esa información.
- Que una terapia no funcione no significa que la terapia no sirva. Puede significar que ese enfoque concreto, con ese terapeuta concreto, no era el adecuado para ti en ese momento.
En la Clínica Ítaca trabajo desde un modelo integrador precisamente por esto: combino distintos enfoques —conductuales, cognitivos, terapia centrada en esquemas— según lo que la persona que tengo delante necesita, no según una plantilla fija. La técnica está al servicio de la persona, y no al revés.